El jardinero cordial y las flores del amor


El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella y pereció, y su lugar no lo conocerá más.   (Salmos 103: 15-16)

En estos días visitando un vivero, admiraba la cantidad de flores que ahí tenían y la hermosa variedad que se ofrecían. Estaba en eso cuando un chico que trabaja ahí, encargado de la parte floral, se presentó ofreciéndome ayuda y sin muchos preámbulos empezó a explicarme las características de cada una de ellas, con mucha maestría y dominio de la materia.

Particularmente, de toda la conversación, me llamó la atención que él tenía muy claro el tiempo que cada una de las flores tendría de vida, de acuerdo al clima, estación del año; la cantidad de agua que había que colocarles a fin de preservarlas por más tiempo, la cantidad de agua según los tallos de cada una, en fin una serie de detalles que me dejaron asombrada.

Debo reconocer que no en todas partes se consigue uno personas que sean tan atentas y dedicadas en su labor de trabajo, y además lo hagan con tanto entusiasmo como este joven, que lo fascinaba a uno por la forma de explicar todo.

El énfasis que hacía en el cuidado que se debía tener al escoger las flores me volvía a llamar la atención, era como una señal para mí. Su manera de decirme que tenía que tener especial cuidado de llevar las flores apropiadas, ya que dependiendo de la época y los detalles que mencionaba anteriormente, sería la duración de vida de la planta o las flores, en el caso de llevarlas de esa forma.

Bueno me despedí de él, y le agradecí mucho su gentileza, así como el tiempo que se tomó en explicarme una parte del maravilloso mundo de las plantas.


Luego, en el camino de vuelta a mi casa iba pensando lo impresionante de la similitud que tenemos con las plantas especialmente con las flores, ya que al igual que ellas nacemos cada quien con características especiales, y de acuerdo a éstas nos vamos desenvolviendo en la vida.

Cada uno tenemos nuestro propio aroma, color, tamaño, propósito en la vida. Al igual que la flores, venimos a embellecer nuestra vida y la de los demás, haciendo de la misma un jardín hermoso o un terreno sin fruto. Todo depende de lo que sembramos o dejamos de sembrar.

Así como cultivamos semillas buenas que dan fruto agradable y bueno, hay que tener especial cuidado con la maleza que crece en forma tremenda y nos obstruye el camino de evolución, que todos los seres humanos y de la creación estamos llamados a seguir alguna vez en la vida.

Colocar día tras día la necesaria agua de la vida (atención consciente) en nosotros, nos ayudará a despertar las señales que nos dan continuamente y nos llegan siempre, desde el cielo y la tierra.

Dios, en Su Impresionante Amor, nos habla en millones de formas (por colocar un número), y en la diversidad de la Naturaleza es cuando mayormente habla.

Si ponemos atención, solamente observando sin hacer juicios, como esto es bueno, esto es malo, bla, bla, bla... Sólo observando, nos llegarán mensajes que ni siquiera imaginamos y se darán a granel y con tal simpleza que nos dejarán asombrados.

Y cada mensaje será dado oportunamente y de manera apropiada para cada situación. Esto lo digo con propiedad, porque sé de lo que les estoy hablando. Cuando dejo que la Naturaleza hable, la verdad se me revela impresionantemente, dando con la solución para determinado caso que tenga en ese momento. Y no tengo dudas que así es para muchas personas, que están atentas a su voz.

Al igual que las flores, a cada ser humano nos colocan un nombre que nos identifica de los demás, y aún cuando miles se puedan llamar igual, cada quien es único en su ser.

Tenemos características especiales, dones y talentos, fuerzas y flaquezas, las cuales desarrollaremos o no, dependiendo de muchos factores, entre los cuales principalmente están la fuerza de voluntad que cada quien ejerza, de su dominio propio y la perseverancia que ponga en las metas propuestas.

La voluntad de realmente vivir y tener calidad de vida integral, hace que esta existencia tenga sentido para nosotros mismos y los demás seres que nos acompañan en este vasto mundo.

En cuanto al mensaje que me llegó, fue que tenemos que tener cuidado con las flores y las plantas que llevamos a nuestro hogar, esto es, reemplazando las plantas y flores por pensamientos, sentimientos y acciones; y hogar por corazón.

Tenemos que cuidar todo este sistema global que somos y tener especial cuidado con lo que aceptamos, porque eso lo llevamos directo a nuestro corazón. Como dice el gran salmista:

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él, emana la vida. Que hay que sembrar semillas que den flores de entusiasmo, amor, alegría, en fin de esparcir nuestro propio aroma de buen fruto, dejando una huella de bien por donde pasamos aquí en la tierra.

Y recuerden todo tiene su tiempo (Ley del Ritmo): tiempo de sembrar y tiempo de cosechar, tiempo de nacer y tiempo de morir. Feliz Vida y Dios les Bendiga Siempre.

Escrito por Beatriz Barboza

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