Iniciar la práctica espiritual

 Iniciar un trabajo espiritual no es sencillo, principalmente para quienes tienen hábitos arraigados en sus trabajos, hogares, con sus familiares, amigos y formas de entretenimiento.

La búsqueda inicial se topa con tropiezos derivados de la deseperación, en caso de estar buscando salidas urgentes a una crisis; o de la falta de constancia, si comenzamos por curiosidad o satisfacer deseos momentáneos, caprichos, o si solamente estamos siguiendo a otros o siguiendo una moda.




La situación puede ser urgente o no. En el caso de las emergencias, la misma ansiedad se convierte en motor o en obstáculo, si en ella se mezcla la duda y la incredulidad.

En el caso de que no haya una urgencia, igualmente la ambiguedad, la dispersión o la falta de fe provocan el abandono de lo que se inicia.


En ambas situaciones la clave es la perseverancia. Quien comienza a buscar ayuda en el camino espiritual debe entender que si no persevera, no se logra nada, o lo que se logra se va rápido. "Lo que fácil viene, fácil se va".


¿Eso significa que tengo que dedicarme? Sí, hay que dedicarse. Es necesario tomar un tiempo para hacer un poco de meditación y oración, llegar a la instrospección,  tomar un cuaderno, anotar lo que experimentamos, y esforzarse por  poner  atención consciente en lo que pensamos, sentimos y hacemos.


Eso no significa que se deben olvidar las responsabilidades diarias, pero sí requiere abrir un espacio para la meditación, la autoreflexión, la lectura, la oración.

Son los ejercicios más recomendable cuando comenzamos: utilizar unos 15 minutos diarios, que pueden irse aumentando con los días, es lo ideal.


Sin embargo, muchas personas, atareadas por sus actividades diarias y sus rutinas laborales, dicen "pero es que no dispongo ni de 15 minutos, si tomo ese tiempo se me atrasan mis asuntos más importantes".

A esas ocupadísimos personas le transmito un mensaje que leí recientemente en un libro acerca de los asuntos importantes:




Atender el trabajo es importante, claro, de ello depende el sustento, los ingresos. La familia es importante, innegable, por ellos y para ellos se esfuerzan muchas personas; de ellos recibimos y a ellos ofrecemos afecto.

Resolver asuntos pendientes cotidianos también es importante, es necesario estar al día. Pero en ese rango de prioridades, tal vez hay algo mucho más importante: atender a aquel que realiza todas esas acciones. ¿Y quién es ese? Usted mismo.


Si quien trabaja, atiende a su familia, ordena su casa, resuelve su día a día y lleva a cabo muchas actividades no está bien, sobre todo consigo mismo; si ni siquiera se conoce y se atiende él mismo ¿cuál es la calidad de lo que ofrece a los demás? ¿Cómo marcharán a la larga sus negocios, sus vínculos, sus relaciones y hasta su salud, si ni siquiera puede disponer para sí mismo de 15 minutos ?".

Piénselo. El día tiene 1.440 minutos, y siendo sinceros con nosotros mismos podemos darnos cuenta que muchos de ellos los gastamos en charlas y actividades inútiles.

¿Con qué ejercicios empiezo?

El segundo punto relativo a estos comienzos, es la actividad espiritual a realizar. Ya hemos mencionado que la avalancha de información sobre prácticas, ejercicios y ritos espirituales puede confundir.

Generalmente, el deseo del individuo es resolver un problema, y éste es el motor para iniciar una práctica espiritual. Determine entonces qué le urge resolver primero.

Es posible que en internet se tope con una información, por ejemplo, que le asegura que encendiendo tal o cual vela, o que invocando a tal o cual entidad, se resuelven las cosas facilito, y posiblemente haga la prueba a ver si funciona.


Antes de ello, es necesario distinguir entre las distintas prácticas espirituales posibles y las ofertas del mercado espiritual.

Aquellas que ofrecen soluciones rápidas a los deseos, pueden servir de nada o ser sólo pañitos tibios. Lo cual no va en contra de buscar la ayuda de un buen terapeta, consejero o consultor, cuya misión será guiarnos y orientarnos, para ayudarnos a entender, a resolver, a avanzar.


Por tanto, lo más aconsejable es buscar ejercicios que ayuden a interiorzar en el ser. De ahí mi inclinación por la oración y la meditación.

Existen distintos niveles y tipos de meditación, de forma que se puede empezar por lo más sencillo y avanzar, con el tiempo, hacia lo más complejo. No tiene porqué meditar como un gurú, cuando apenas está empezando.


La oración nos acerca al Creador, nos reconecta con lo Superior, especialmente a quienes están muy habituados a la dinámica material de la vida y permanecen mucho tiempo desconectados de lo espiritual. Combinar la meditación autoreflexiva con la oración es una buena práctica.


La lectura también es indispensable, sobre todo porque incorpora nuevos conocimientos y sirve de guía para entender lo que ocurre con el proceso de oración y meditación que llevamos a cabo. Muchos textos nos explican cómo funcionan y cómo podemos mejorar los ejercicios.


Son buenas las lecturas de materiales con lenguaje sencillo, pues aunque muchos materiales complejos sobre esoterismo, espiritualidad y ciencias ocultas, son excelentes, pueden resultar complicados para los que se inician, al utilizar terminologías y manejar ideas tal vez muy abtractas.



Pareciera que, con los anteriores tips, el consejo final es seguir por el "camino más lento" y evitar el camino rápido: el de rituales, magia, sortilegios, etc, que según las promesas te lo solucionan todo ¡y ya!

Pero es que este supuesto camino lento, es el camino seguro. Si andamos "sin prisa pero sin pausa" ocurre que las reales soluciones llegan hasta más pronto de lo esperado y gracias a la perseverancia, dedicación y fe ocurren verdaderos milagros.



De cualquier manera, tenemos que aprender que las soluciones inmediatas, los cambios externos que derivan del camino fácil, sin que nosotros los asimilemos previamente en nuestro ser, sin que hayamos cambiado primero a lo interno, son como castillos construidos sobre la arena; más tarde o más temprano se derrumbarán.



Construir sobre bases sólidas es la moraleja, y es seguro que recogeremos muchos frutos.

Esta actitud es difícil para los buscadores "perezosos" (ver artículo sobre tipos de buscadores espirituales" en esta Brújula), aunque también lo es para los "comeflores" (ver mismo artículo), debido a las tendencias a no querer esforzarse o ser consumidores espirituales. Enfrentemos los retos de estas tendencias, si es que nos descubrimos en alguna de estas dos categorías.







Escrito por Glenda González.
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