Los tipos de buscadores espirituales

En el camino espiritual, todos -sin excepción- en mayor o menor medida, hemos caído en alguna de las tipologías aquí expuestas. Conocerlas, ayuda a identificar cuál utilizamos y a hacer esfuerzos por corregir los errores.


No es bueno ni malo estar en alguna categoría, ni tampoco la idea es juzgar a quienes se identifican o a quienes encajan en ellas. La intención es ofrecer una guía que permita reorientar nuestra actividad y buscar el equilibrio, “el camino del centro” implícito en cada uno de los siguientes tipos de buscadores:



Los “comeflores” espirituales

“Me encanta todo esto”, “qué lindo”, “qué maravilla”, "me siento feliz", "quiero meterme en todo", "la vida es paz y luz".

Por lo general, es la postura de los que se inician en este camino. Son los buscadores que ven todo color de rosa en el new age y comienzan a comprar gran cantidad de objetos, libros, herramientas y hacen todo tipo de cursos, talleres y hasta se incian en órdenes y ritos, sin tener un norte y objetivo.


Viven en una especie de burbuja hasta que llega el momento en que se cansan, se saturan o se decepcionan cuando la vida los golpea.

Algunos pierden el interés rápidamente, cuando pasa la novedad. Otros, pueden durar hasta años con esa conducta, "consumiendo espiritualidad", pero como no hay un objetivo ni aplicación clara, son los primeros que decaen en momentos de crisis personales porque no saben cómo aplicar todo lo que se han “tragado sin digerir”, o que, al no saber utilizar esas herramientas, las aplican inadecuadamente y complican más su situación.


Al final, hasta concluyen que "nada de eso servía".



Su reto es identificar los objetivos de su búsqueda, concentrarse, estudiar poco a poco y profundizar en pocos temas por vez para hacer trabajo interno que les permita autoconocerse e ir concretando en el nivel físico.

Su fortaleza es la capacidad de tener fe en lo que no se conoce ni se ve, y de cocrear en planos no físicos una realidad idealizada, además de su sed por conocer, por saber, por aprender.




Los buhoneros espirituales

Ese término lo tomo prestado de algunos comentarios de mi pareja. Se trata también de aquellos que al iniciarse hacen una gran cantidad de cursos, talleres, compran libros, objetos, estudian técnicas y aprenden terapias, pero no las aplican a sí mismos, aunque sí las ofrecen a los demás.

Se convierten en terapeutas, facilitadores y consultores de otros, más no de sí mismos.  Sus vidas suelen estar super complicadas, porque no han sabido utilizar esas técnicas para resolver sus problemas, autoevaluarse a sí mismos y autoayudarse.


Por eso, llevan vidas paralelas: una cosa es lo que viven y manifiestan;  y otra cosa es lo que pregonan y venden. “Por sus frutos los conoceréis”.
Muchos siguen el new age por moda, otros sólo quieren obtener ganancias económicas a través de tal moda. Por eso, cual buhoneros, venden de todo, pero ni siquiera saben qué venden. Claro, tarde o temprano, sus grandes negocios colapsan por falta de un real soporte espiritual.



Su reto es aprender a aplicar las terapias y lo que estudian a sí mismos primero, antes que a los demás, y hacer trabajo interno que le permita crear un soporte espiritual para el avance de su vida material.

Su fortaleza es la capacidad de poner en práctica lo que estudian y de concretar en el plano físico.




Los perezosos espirituales
“Me encanta todo lo espiritual, realmente creo que esto es buenísimo para ayudarme con mis problemas. Yo voy a un terapeuta porque no tengo tiempo para practicar todo esto por mi cuenta, me distraigo cuando voy a meditar, no sé cómo hacerlo, no soy perseverante para esas cosas, necesito que alguien me guie y esté conmigo, no entiendo mucho de eso, pero me gusta y me relaja”, son comentarios de los perezosos espirituales.

Son aquellos que ante las crisis buscan ayuda, pero esperan que los demás solucionen sus problemas con una “varita mágica” sin ellos poner mucho de su parte. Consideran que al pagar por alguna terapia ya debe resoverse todo, y cuando las soluciones no llegan, la culpa es del terapeuta o la terapia es mala.
Por eso, saltan de un terapeuta a otro, de un consultor a otro, se hacen regresiones, terapias, cartas astrales de todo tipo, acuden a clarividentes, se leen el tarot, interpretan sus sueños, buscan brujos, en fin, utilizan todas las alternativas posibles, pero al final los resultados solo se ven en las cuentas: egresos financieros para el perezoso e ingresos para los terapeutas.

Es posible que mejoren algunos de sus problemas al acudir a tantas terapias, si es que se topan con un buen terapeuta. Pasa que también al ir de un sitio a otro, encuentran a muchos charlatanes que solo quieren el dinero, y de paso, se cargan de las energías densas al entrar a lugares donde practican magia negra, por eso las pocas soluciones alcanzadas son apenas pañitos de agua tibia: alivian el síntoma más no la causa.
Como resultado, viven en un círculo vicioso, repitiendo periódicamente los mismos tipos de problemas y buscando siempre las mismas alternativas.

Cuando intentan trabajar por sí mismos dejan todo a medio hacer, no concluyen lo que inician. Al tener pereza de hacer un trabajo interno y enfrentarse consigo mismos, el resultado es el estancamento y la complicación.


Su reto es desarrollar fuerza de voluntad para hacer trabajo interno por sí mismos. Pueden buscar guía, terapia y orientación, pero deben colaborar poniendo su propio esfuerzo.

Su fortaleza es la capacidad de confiar en los demás y de buscar ayuda en otros.




Los obsesivos espirituales
Son perseverantes en la búsqueda espiritual. Leen, compran materiales, buscan, se preparan, hacen cursos y talleres, se saturan y hasta se obsesionan con estas prácticas. Justamente ahí es dónde está el problema: en las obsesiones.
El obsesivo espiritual puede convertirse en fanático, y como tal, se va a los extremos. Es aquel que -según la intensidad con que estudia, asimila o “percibe”- se vuelve paranoico y supersticioso, y empieza a ver "enemigos del lado oscuro" en todas partes y en todo el mundo, catalogando de "malo" todo aquello que, según sus normas y creencias rígidas, no parece espiritual.

Ciertamente, la práctica espiritual requiere perseverancia, fuerza de voluntad,  auto-observación, dedicación, modificación de nuestro estilo de vida mundano y reserva ante ciertos lugares y personas.
Al elevar el nivel de consciencia, nuestro entorno se transforma naturalmente, alejándonos de ambientes, personas o amistades; pero se debe distinguir bien entre los cambios que son propios de la madurez espiritual (muchas cosas que nos gustaban, dejan de atraernos con el tiempo), y aquellos que son producto de obsesiones o de una especie de “fanatismo religioso”, en el cual por temor, nos forzamos a alejarnos de ambientes, actividades y personas.


Su reto es relajarse, desarrollar la tolerancia, disolver formas de pensamiento llenas de miedos y temores, y aprender a discernir entre la realidad y la superstición espiritual, para hacer trabajo interno que lo lleve a equilibrar los extremos.
Su fortaleza es la capacidad de perseverar, de organizarse y tener fuerza de voluntad para seguir un plan, una actividad o un ideal en el cual se cree.



Los expertos espirituales





Los expertos tienen años en el camino espiritual. Hace tiempo que iniciaron la búsqueda. Ya han pasado por varias de las tipologías anteriores y seguramente han superado algunos de los retos mencionados en cada una, perseverando con éxito. Seguramente, han obtenido aprendizajes y logros a través de prácticas espirituales, con lo cual pueden orientar y enseñar a otros.
El obstáculo de estos buscadores es el surgimiento del denominado “ego espiritual”. “Ya he pasado por eso”, “tales conocimientos son básicos para mí”, “tal persona no está en capacidad de orientarme porque yo sé más o tengo años en esto”, “solo oigo y hago lo que mis guías, mis maestros de luz me dicen, pues yo canalizo a seres superiores", son parte de sus ideas.

Eso no significa que el camino recorrido no sea válido y que no tengan un real crecimiento que los capacita a ayudar a otros, pero el problema se halla en el estancamiento que se produce cuando creemos que todo lo sabemos, que siempre podemos auto-orientarnos, que somos autosuficientes, o que pocas personas están a nivel para tratarnos y enseñarnos.


El peligro se presenta cuando las prácticas y herramientas a utilizar se arraigan en nosotros de tal manera que se hace difícil innovar o abrir la mente a lo nuevo, a lo diferente.

El avance espiritual, como todo proceso, está sujeto a cambios, a innovación. Nada permanece para siempre. Y en estos tiempos de grandes movimientos energéticos, las técnicas que son válidas para un momento, pueden que no lo sean en otro.

El aprendizaje tiene que ser permanente y siempre necesitaremos de la ayuda de los demás para resolver nuestros problemas. Además, uno de los resultados de la evolución espiritual es la práctica de la humildad, porque mientras más se avanza, más disminuye nuestro pequeño ego.


Su reto es aprender a manejar su ego, ser humilde, recuperar la ilusión fresca del buscador inicial que siente que nada sabe y que mucho busca (un poco de la energía del comeflor espiritual), e identificar y disolver fuertes formas de pensamiento, ya inadecuadas, creadas a través del trabajo espiritual de años.
Su fortaleza es su perseverancia, su conocimiento y la experiencia que le capacita para discernir, aplicar y para confiar en las prácticas espirituales.
¿Y tú? ¿Qué tipo de buscador eres?





Escrito por Glenda González.
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