El verdadero sentido de la astrología


Más allá de ser un instrumento de autoconocimiento, 
la astrología ofrece herramientas
para conectarse con el Yo Superior

La mayoría de las personas conoce los signos astrológicos y tiende a etiquetar a la gente según las características básicas que se le han asignado a cada uno de ellos en el zodíaco.

Bien sea que se crea mucho o poco en la astrología, al público masivo le gusta consultar las predicciones y hasta justifica sus

acciones o critica a otros, señalando que todo se debe al signo natal: “los acuarianos son independientes, los libra son indecisos, los leo son egocéntricos, los sagitario son aventureros, los géminis son duales…”, son muchas de las frases hechas en torno a las características astrológicas y que se utilizan para calificar a la gente. No falta quien se queje por ser juzgado según su signo, ni tampoco quien se sienta orgulloso del juicio.

Estas tendencias han desprestigiado a la astrología, para ser vista por muchos como un juego, simple superstición, o tan solo como un instrumento más de psiquismo, brujería y charlatanería, que al no tener base sencillamente está sujeta al azar. Semejante cosa ha ocurrido con el tarot, cuyo verdadero valor esotérico y espiritual es desconocido, debido al mal uso que las mayorías hacen de él.

Muchos astrólogos aclaran que la finalidad del zodíaco no es estereotipar a los demás, pues nadie responde cien por ciento a las características de un signo natal y cada persona es única, de acuerdo la configuración de los planetas en su día, hora, año y lugar de nacimiento. 

Tampoco la verdadera función de la astrología es pronosticar el futuro, pues el futuro es un conjunto de probabilidades del plano astral, que se manifiestan o no en el mundo físico en la medida que la persona las selecciona según la predisposición de su alma-personalidad. He ahí el valor de la frase "los astros inclinan,  pero no ejercen".

Al momento de nacer, la configuración planetaria es válida solo para ese instante, pero de acuerdo a ella el alma de ese individuo se impregna de las emanaciones que le servirán para vivir las experiencias necesarias a su evolución.

Por ello, cabe preguntarse qué pasa con los gemelos o las personas que nacen en el mismo día y la misma hora. Sucede que como almas individuales se impregnarán de lo que sea pertinente para su desempeño como espíritu encarnado. Por Ley de Libre Albedrío, cada ser elegirá cómo utilizar las herramientas con las que cuenta, determinando así sus particulares experiencias. Dos personas con cartas natales semejantes, pueden vivir -como almas- experiencias parecidas o distintas, nunca iguales.

Como polvo de estrellas

He escuchado a escépticos dudando que un planeta o estrella pueda tener influencia en su vida: ¿Cómo va a influir en mí Saturno, Mercurio o Venus, si están a millones y millones de millas lejos de la Tierra?, dicen.  Entonces cómo se explica que la Luna y el Sol tengan incidencia en toda forma de vida en este planeta, si también están tan distantes. Bastaría que el Sol dejara de asomarse un día al horizonte para que nuestra existencia se desequilibre, o que la Luna desaparezca para que el ritmo de las aguas terrestres entre en caos.

La participación del Sol y la Luna en la manutención del ritmo terrestre está científicamente demostrada, y si todo forma parte de un sistema, no creo que sea alocado pensar que los demás planetas también ponen su grano de arena en ese engranaje. 

Al final, los mismos elementos químicos que nos conforman como seres humanos, también se encuentran en la composición química de los planetas. Como dijo Carl Sagan, somos polvo de estrellas.

Área de influencia: el plano astral
Ahora bien, ¿cómo influyen los planetas en nuestra vida personal? La astróloga Louise Huber señala que gran parte de las ideas, conceptos y formas mentales del ser humano (egrégores) han pasado a conformar la rueda del zodíaco, por lo que el horóscopo no solo proviene del cielo, sino también del mundo creativo del hombre. Huber ubica al zodíaco en el plano astral de la manifestación, y como tal en un nivel más denso, en comparación con planos espirituales.

De esta forma, mientras los signos zodiacales se ubican en el nivel astral planetario; el yo interno, yo superior o el verdadero ser espiritual de todo individuo,  se ubica en niveles más elevados. En consecuencia, nuestro yo espiritual está libre de las emociones y pensamientos asociadas a cada signo astrológico, aunque para su evolución, al encarnar debe vivenciar al zodíaco en su desenvolvimiento personal. 

Dentro del mundo astral, los 12 signos y los planetas astrológicos se hallan inmersos en el inconsciente colectivo de la humanidad. Ahí yacen como arquetipos, esto es, como imágenes o modelos inconscientes que los humanos seguimos y determinan nuestro comportamiento. 


Esto explica porqué hay personas que evidencian más que otros  las características de su signo natal, o que son más susceptibles a los tránsitos de un planeta. Sucede que son más sensibles a las influencias arquetípicas astrológicas del inconsciente colectivo.

El signo astrológico: un reto evolutivo
La experiencia de nacer bajo determinado arquetipo zodiacal  tiene como objetivo aportar materia astral, que bajo la forma de pensamientos y emociones son usadas para accionar en el plano físico.

Como nuestro ser interno verdadero no está impregnado de esos egrégores zodiacales, nuestra labor espiritual consiste en desprendernos de esas formas-pensamiento que pululan en el inconsciente colectivo para tener acceso al auténtico Yo. 


Por tanto, no tiene sentido identificarse con lo que se dice o con las características de cada signo o planeta, pues "ese no es el verdadero ser",  es solo una especie de traje con el que nos presentamos ante el mundo, que debe ser sutilizado (depurado) para el ascenso espiritual. 


Identificarse en demasía con los arquetipos astrales de un signo, sobre todo en su parte negativa, solo logra estancar el proceso de crecimiento. 


Por tanto, si bien la astrología sirve como valiosa herramienta de autoconocimiento, su verdadero sentido es ayudar a entender los retos que plantean los 12 arquetipos zodiacales y aprender a utilizarlos para conectarse con el Yo Superior. 


El nacer bajo la regencia de Aries, Tauro, Virgo o cualquier otro signo,  predispone a una manera arquetípica de actuar, pero el trabajo que se nos plantea con ello no es actuar ni mucho menos SER Aries, Tauro o Virgo, sino saber romper y transmutar los esquemas mentales y emocionales creados en el plano astral alrededor de ese signo y de la configuración natal en la cual nos tocó encarnar. 


La idea es acceder a nuevos conceptos y a los arquetipos cada vez más evolucionados de cada signo. ¿La meta real? La conexión con el alma y el desarrollo espiritual.




Escrito por Glenda González

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