Buscando ayuda espiritual

Rosa se sentía desesperada por su problema: su esposo tenía una amante. Le aconsejaron que acudiera a un brujo para ayudarse, porque presentía que la “otra” había montado un trabajo para romper su matrimonio. Acudió a la consulta un poco nerviosa. Confirmó sus sospechas y le pronosticaron un divorcio si no actuaba de inmediato.




La bruja le dijo que todo se resolvería con una serie de "trabajos" para contrarrestar los hechizos de la “otra”, para lo cual debía pagar una fuerte cantidad de dinero. Aceptó. Se sintió un poco más aliviada al principio, sí, pero al tiempo y después de muchos esfuerzos no pudo evitar la separación.



Le recomendaron ir a otros brujos y con ellos mandó a hacer más "trabajos". Rosa se vio envuelta en un círculo viciosos, había gastado mucho dinero, pero no consiguió retener a su marido con todo lo que hizo.

Su vida terminó llenándose de más complicaciones y hasta de escasez económica. ¿Qué pasaba? O los brujos eran muy malos o era mejor el brujo de la "otra".

¡Qué mala suerte tengo!, pensaba. Había combinado la ayuda de los brujos con las frases positivas de la metafísica, oraciones y peticiones desesperadas a los ángeles y a Dios. ¿Por qué nada parecía funcionar?

Al igual que Rosa, todos hemos vivido situaciones de crisis y problemas que nos han llevado a la búsqueda de resultados por múltiples medios, dejando que la ira, la tristeza, la angustia, la desesperación o la ansiedad controlen nuestras acciones.

En consecuencia, podemos cometer muchos errores, agravando el problema o logrando arreglos parciales (pañitos de agua tibia).

Recurrimos indistintamente a los amigos, un guía o maestro, un sacerdote, oraciones, plegarias, meditaciones y hasta a los trabajos de brujería.

Muchos adivinos poseen psiquismo. Nos pueden decir verdades sobre nuestro pasado, presente y futuro, pero las soluciones que ofrecen pueden estar teñidas de sus propias creencias y percepciones erradas.

Es posible que hayamos escuchado de personas que, en apariencia, logran sus objetivos por estos medios, pero casos como el de Rosa también son comunes. ¿Por qué no logró lo que quería?

Quizás porque se volvió adicta a la brujería, mezcló su fe y sus oraciones con los hechizos y cayó en contradicciones. Se involucró en lo que se conoce como “guerra psíquica”, generando más energía negativa.

Esa es una de las consecuencias que sufrimos cuando recurrimos a los brujos como ayuda. La incertidumbre y la ansiedad por el futuro nos vuelve adictos a las adivinanzas y a los "trabajos", pensando que como los malos son los otros -los que nos están haciendo daño- lo más lógico es defendernos o protegernos con brujería.

En ese momento perdemos la fe en nosotros mismos y en Dios. Nos centramos en pensamientos negativos o inútiles. Permitimos que otros traten de resolver nuestros problemas con prácticas que pueden complicar más las cosas, porque no sabemos con qué entidades o fuerzas están actuando nuestros ayudantes.

No se trata de que el brujo sea malo o bueno, o de que nuestros supuestos enemigos sean más fuertes, sino que en esos momentos se nos hace difícil ver más allá de nuestras heridas, resentimientos o desesperación, y evitamos meternos dentro de nosotros mismos para hallar la mejor salida.

Cuando buscamos las soluciones en nuestro propio ser, nos damos cuenta de nuestros errores y dejamos de acusar a los demás. Nos hacemos responsables de nuestra vida y entendemos la enseñanza que esa experiencia dejará en nosotros.



Después de todo, si aún es necesaria la ayuda de alguna persona o grupo, incluso de alguna terapia, es indispensable asegurarse que proviene de seres con principios elevados, que manejen herramientas con criterios afines a la ética y al bien, sin causar daño a ningún ser vivo o muerto, para que los consejos faciliten el encuentro con nosotros mismos y con lo Superior.

Aunque no es nada fácil, hacer el esfuerzo de serenarse, analizar las cosas con calma y poner nuestra fe en el Creador, ayuda a comprender que aún cuando la real solución no esté de acuerdo con nuestros deseos, eso siempre será lo mejor para nosotros...

Por eso, es importante hacer consciencia y ayudar a otros a alcanzarla.  ¿Cuántas veces hemos sido como Rosa?
¿A cuántas Rosas conoces?






Escrito por Glenda González.
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